Monique McDonald

Soprano

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Teatro Principal, Alicante

Porgy and Bess

En una capital de provincias como Alicante, a la que algunos (desde su indolencia) acusan todavía hoy en día de no tener cultura, resulta cuando menos reconfortante ver cómo una representación de ópera congrega a una audiencia multitudinaria. La culpable de que el Teatro Principal vistiera sus mejores galas con un público de todas las condiciones fue "Porgy and Bess", ópera inclasificable de ese 'loco genial' norteamericano que fue George Gershwin.

Al de Brooklyn, junto con su hermano Ira y Dubose Hayward (autores de los textos), debemos agradecerle que aparcara su carrera meteórica de compositor de musicales en Broadway, para instalarse un verano en la isla de Folly Beach, a unos 15 kilómetros de Charleston (Carolina del Sur), donde los tres escribieron la historia que pudimos presenciar ayer.

Si "Porgy and Bess" es una ópera preciosa, única dentro del género tanto por la extraordinaria síntesis musical de la tradición orquestal europea y la música popular afroamericana, la versión que el New York Harlem Theatre presentó en el Teatro Principal de Alicante fue preciosista en extremo: todos los detalles desde las interpretaciones de los solistas hasta el vestuario, pasando por el coro, la orquesta y la escenografía rayaron en la excelencia.

No obstante, los grandes triunfadores de la noche fueron los cantantes del Harlem Theatre, quienes supieron transmitir con voces plenas de matices tanto la euforia y la esperanza de una vida mejor como los numerosos temores a los que se enfrentaba la comunidad negra en los Estados Unidos de 1935. Así, Kevin Deas encarnó al discapacitado Porgy, creíble y conmovedor en su ir y venir desde el amor a la ausencia de Bess. No olvidemos que Porgy canta toda la ópera de rodillas. Tanto él como la soprano que encarna a la protagonista, Donita Volkwijn, nos regalaron grandes momentos, entre ellos el dúo romántico que interpretan juntos, momento enternecedor de una historia que, bajo la dulce apariencia de un cuento de hadas en clave de swing, narra las trágicas vidas de un tullido y una drogadicta.

Igualmente brillaron el resto de voces, entre las que destacó una Monique McDonald magnífica de vocalización en su "My man´s gone now", célebre aria en la que Serena entona un desgarrador lamento junto al cadáver de su esposo. El contrapunto cómico a tanta tragedia lo pusieron los dos personajes simpáticos de la noche, la tendera Maria (interpretada por Marjorie Wharton) y el camello Sportin' Life, genial aquí Chauncey Paker, todo un showman que se ganó al público con su presencia física en el escenario ya fuera cantando, actuando o bailando.

Los dos cantantes revelan las excepcionales dotes dramáticas de un reparto en el que, siguiendo la escuela norteamericana, la interpretación, la gestualidad y el baile cobran igual importancia que el canto, en un guiño al género musical. En el mismo nivel se movió el coro, en el que se apreció la intención de William Barkhymer, director musical, por resaltar el tono espiritual de una partitura que bebe de las raíces de la música negra americana.

Escenografía
En este sentido, fue destacable, por precisa, la dirección de escena a cargo de Baayork Lee, quien utiliza los números de coro para enmarcar las transiciones escénicas y, de ese modo, agilizar la representación. Ésta no llega a resentirse de los cambios de escenario en ningún momento, algo que se agradece en una ópera que dura cerca de tres horas.

Lo mismo se puede afirmar del escenario, un dechado tanto de plasticidad realista al más puro estilo arquitectónico sureño como de funcionalidad, gracias a unas estructuras móviles que pasan rápidamente de esa especie de corral que es Catfish Row al interior de habitaciones y a la isla de Kittiwah. En consonancia con el vistoso vestuario, el conjunto consiguió reflejar lo que podría haber sido la Carolina del sur en los años 30.

Por último, la Orquesta Sinfónica de Navarra cumplió de manera más que brillante con su papel de orquesta de foso. Se hicieron especialmente de notar las cuerdas, compactas y equilibradas en pasajes donde debían transmitir dinamismo como la obertura, la pelea entre Porgy y Crown o la escena del huracán; y los vientos de madera, donde destacó ese oboe siempre presto a resaltar los sentimientos expresados por las voces.

En suma, una soberbia representación de "Porgy and Bess" a cargo de una compañía que ya estuviera presente en Alicante una década atrás y que ha pulido su espectáculo de manera notable. Escuchemos, pues, uno de los momentos culminantes de la noche, "My man's gone now", interpretado por Monique McDonald y el New York Harlem Theatre.

 

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Alicatissimo
2007 Nov 2

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